Arde la universidad

The world has changed.
I see it in the water.
I feel it in the Earth.
I smell it in the air.
Much that once was is lost,
For none now live who remember it.

[…]

Como estudiante de universidad, no voy a hablar de la educación primaria y secundaria, porque la situación en la que se encuentran hoy en día es bastante diferente de la que viví yo años atrás, pero quiero dejar muy claro que la primaria y la ESO son tanto o más importantes que la universidad, porque es allí donde se aprenden los fundamentos para construir el propio hogar del conocimiento – sin menoscabar el peso de la familia en el proceso de aprendizaje, que seguramente es lo que más peso tiene a la hora de generar esa maravillosa curiosidad que tenemos las personas por aprender, por conocer.

El miércoles, la comunidad universitaria salió a la calle para protestar contra las atrocidades que se están cometiendo desde el gobierno. Atrocidades que se cometen en base a criterios puramente económicos pero que afectan el ámbito académico y que no se aplican por el bien de la educación superior catalana/española. Son atrocidades no menos comparables a las muchas otras medidas tomadas por el gobierno central, en especial desde la llegada al ejecutivo del Partido Popular (PP) el pasado mes de noviembre. Sin embargo, el proceso de “privatización” universitario ya empezó mucho antes del 20 de noviembre de 2011 o del 28 de noviembre de 2010, fecha en que empezó a gobernar Convergència i Unió en la Generalitat de Catalunya.

En las últimas elecciones,  tanto la ciudadanía catalana como la española se han comportado como un rebaño que no ha hecho sino lo que se esperaba de ella: el partido socialista no supo “reflotar” la economía del país, pues apostemos por los conservadores, que ellos sí van a poder.

Y aquí estamos, con un partido político con un ideario explícitamente neoliberal que ostenta una aterradora mayoría absoluta, legitimado por la ciudadanía que le ha dado carta blanca para que haga y deshaga a su venia. Un partido que en pocos meses ha dejado clarísimo que no dejó de mentir en toda la campaña electoral y que, encima, se burla de los españoles  en su cara y, por si no fuera suficiente, quiere colar como un partido “amigo de los trabajadores” cuando lo único que ha hecho hasta ahora ha sido plegarse ante las demandas de la patronal y de organismos a quienes les importa bien poco el bienestar de la sociedad.

A todo ello, la manifestación del 29 de febrero en Barcelona, para la que estaban convocados el personal de administración y servicios, el personal docente e investigador y los estudiantes de las universidades, transcurrió de forma pacífica. Según los Mossos d’Esquadra, había unos 25.000 participantes: una cifra nada despreciable – aunque el desprecio es la especialidad del ejecutivo catalán actual. O mejor dicho: la indiferencia, que todavía es peor, según se mire. Pero, ¡ay! Siempre sucede lo mismo… Un grupúsculo de inútiles e impresentables tuvieron que deslegitimar las más de dos horas que estuvimos caminando por las calles de Barcelona. Por grupúsculo de inútiles e impresentables me refiero a dos tipos de personajes presentes en la manifestación: los “estudiantes” alborotadores y los Mossos de la Brigada Mòbil, también conocidos como los antidisturbios. Antes de seguir, quiero añadir que he puesto estudiantes entre comillas porque nunca se sabe quién se esconde detrás de los pasamontañas y bajo las capuchas…

Y ahora viene lo mejor: el eco que la movilización tuvo en los medios de comunicación. La cobertura que proporcionaron los medios de comunicación estaba, naturalmente, a la altura de todo buen gobierno y votante de CiU. En otras palabras: la manifestación terminó (como siempre) en alborotos, se quemaron contenedores, se rompieron los cristales de un banco y apedrearon la bolsa de Barcelona y naturalmente fueron éstos hechos los que aparecieron a la mañana siguiente en la prensa. No las reivincidaciones, no la realidad… Tan sólo contenedores ardiendo.

«¡Qué vergüenza de juventud!»
Y encima hay que aguantar la ironía del President Mas. Y encima hay que aguantar frases como la anterior, tan tristes y tan menospreciables.

[…]

Me gustaría manifestar mi más profundo asco – sí, fue asco lo que sentí – por las portadas que aparecieron el 1 de marzo en los periódicos españoles La Razón y ABC. Si lo que quieren es que su tan querido Partido Popular quede como el salvador de los españoles, que hagan lo que quieran, pero que al menos no distorsionen la realidad y mucho menos que vinculen protestas como las del 29F a un partido político carente de vergüenza y sigue llevando la S de socialista en su nombre y que informen a sus lectores de la realidad, de los motivos por los que se estaba protestando y que muestren fotografías en las que se vea la marea humana que inundó las calles de Barcelona el miércoles por la mañana en vez de una fotografía apocalíptica propia de una guerra de guerrillas. Que existan medios de comunicación de ese calado es triste y deplorable.

Arde la universidad